Con esta estrenamos un nuevo tipo de sección, si cabe la posibilidad de llamarlo así, en el que daremos privilegio a la visualización de fotografías, por lo que las imágenes observadas raramente estarán acompañadas de texto. La idea esta retomada de otro blog, pero en este caso será bajo nuestro propio estilo. Sin nada más que agregar, comenzamos.
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miércoles, 26 de febrero de 2020
lunes, 24 de febrero de 2020
CHALMA: EL POBLADO EN LOS AÑOS 60
Hace un año compartíamos parte del texto que escribiera en su tiempo el sacerdote Fr. Jorge Ayala en su relación acerca del Santuario de Chalma, donde apreciábamos como era el camino hacia el Santuario en ese entonces. En esta ocasión leeremos el texto correspondiente al poblado mismo.
Hay personas que, en atención a la fama que ha cobrado, se imaginan a Chalma como una gran población, debidamente planificada y urbanizada, y es grande su desencanto cuando se encuentran con un pueblo modestisimo.
Chalma se asienta en un área muy reducida. Su topografía es muy accidentada: lo surcan tres barrancas que determinan depresiones y elevaciones del terreno, que hacen que, mientras unos vecinos viven en explanadas, otros vivan en pequeños montículos o lomas [...]
Hay una sola calle, que baja desde la loma donde están situadas las terminales de los autobuses hasta desembocar en el Santuario. En este tramo hay dos callejones adyacentes y parte el camino para Chalmita. La calle continua por el lado poniente de la iglesia y pasa por debajo de la Sacristía para dividirse después en dos ramas, subiendo una al Barrio de las Guitarras y otra al Calvario.
El rió atraviesa la población y da oportunidad para que los vecinos aprovechen su humedad plantando en sus margenes arboles frutales [...] Pero aunque Chalma todavía no puede ofrecer al visitante todo el confort que brindan muchos otros sitios [...] Chalma cifra su gloria en ser el relicario que guarda con esmero una joya de inestimable valor que la ha confiado el cielo: El milagroso Cristo que lleva su nombre.
Fuente:
Ayala Q, J. (1968).CHALMA. En CHALMA 1683-1962. México. Pp. 15-16
miércoles, 28 de agosto de 2019
LA VIDA DE SAN AGUSTÍN EN EL CONVENTO DE CHALMA
Hasta la década de los años 60 aproximadamente, el convento de Chalma era accesible para cualquier persona que quisiera ingresar al mismo, pero con las intervenciones que se realizaron en el inmueble con el fin de preservarlo, el paso a cualquier persona quedo restringido, sin embargo, hace relativamente poco tiempo el acceso al mismo nuevamente está permitido, para encontrarnos con uno de sus tantos patrimonios artísticos.
Nos referimos a una serie de lienzos que relatan la vida del obispo Agustín de Hipona, San Agustín. Podría escribir mucho acerca de esta magnífica serie, pero mejor dejo las fotos de las mismas, pues al fin y al cabo una imagen dice más que mil palabras.
miércoles, 6 de marzo de 2019
PEREGRINAR A CHALMA EN LA DÉCADA DE LOS 60 (SEGUNDA PARTE)
Continuando con la narración del día de ayer sobre cómo era el camino a Chalma en los años 60, cuya primer parte puedes leer aquí; mientras tanto, dejo en seguida la segunda parte:
Abundan en ellos los hatos
de ovejas. Y es un espectáculo que deja una grata sensación de tranquilidad,
ver como triscan la hierba sin arrebatos ni disensiones; como descansan
apaciblemente a la sombra de los árboles; con que docilidad y sumisión siguen a
la que lleva el cencerro, y con qué ternura las madres amamantan a sus pequeños
hijos, lamiéndoles amorosamente el endeble cuerpecito.
A lo lejos las montañas
recortan enérgicamente su silueta contra el cielo, y en sus cumbres se asiente
la neblina, coronándolas de blancos penachos como nevados picos.
Los campos labrantíos están
divididos en tal forma, que a lo lejos parecen tableros de ajedrez; y la avena
y la cebada están recogidas en gavillas y dispuestas con tal simetría, que se
antojan cuadrillas que se disponen a bailar “los lanceros”, o chicas que van a
ejecutar una tabla de gimnasia.
Los pueblos que se
encuentran a lo largo del camino presentan la fisonomía, que se va repitiendo:
casa que se agrupan en torno de la iglesia, calles retorcidas que son
verdaderos vericuetos, paredes blancas o adobes desnudos, techos rojos o
grises, caminos ocres y polvorientos, bordeados de piedra, de palos o de
magueyes. Pueblos tristes, cansados, con un letargo de siglos; pero que hoy,
gracias a las vías de comunicación y al impulso que se le ha dado a la
educación, sacuden su sopor y pugnan por incorporarse a la civilización.
Y ya para llegar, se
presentan profundas cañadas en cuyo fondo serpentea el río, que en su afán de
abrirse paso, golpea aquí contra una roca; allá, contra el tronco de un árbol;
da aquí un ligero salto y se despeña después a considerable altura, y va así
coronándose de blancas espumas. Marcan y vigilan su paso majestuosos
acantilados que toman las más grotescas formas en la imaginación; en sus
paredes han colgado sus nidos las golondrinas y han fabricado sus panales las
abejas.
Y después de llevar por
largo tiempo los ojos prendidos en el paisaje, el devoto advierte que se está
aproximando a Chalma, y el corazón la da vuelcos y una secreta ansiedad le
consume.
El pensamiento de que en
breves momentos estará ante la venerada imagen a la que tantos favores se
atribuyen, lo hace estremecerse de emoción, y no deja de preguntarse
interiormente: ¿Cómo será el Señor?...Y por ser Chalma tan famoso a lo largo de
nuestro suelo, experimenta vivos deseos de conocerlo.
Fuente:
Ayala Q, J. (1968). CAMINO A CHALMA. En CHALMA 1683-1962. México.
Etiquetas:
Chalma,
Cristos,
Santuarios
domingo, 3 de marzo de 2019
PEREGRINAR A CHALMA EN LA DÉCADA DE LOS 60 (PRIMERA PARTE)
Emblemático por siglos es el
famoso Santuario del Señor de Chalma. El Cristo Negro de Chalma es venerado
desde la época colonial y su fama se compara a la de otros Cristos como el
Señor de Esquipulas en Guatemala, o el Señor del Hospital de Salamanca,
Guanajuato.
El Sacerdote Fr. Jorge Ayala
preparó hacia el año de 1963 un libro a manera de monografía acerca de datos
históricos, así como costumbres y tradiciones del Santuario de Chalma en esa época.
Constituye un libro que aporta una de las descripciones históricas más
agradables y también quizá una primitiva guía acerca del Santuario. La lectura
del libro es amena, como se aprecia por ejemplo en este texto donde se describe
como era llegar al Santuario en la década de los 60:
Ir a Chalma no es tan sólo
recorrer el camino de la Fe y la Esperanza, sino también el de la belleza y la
poesía, sobre todo si el que va, hace el viaje por el camino abierto
recientemente y en tiempo en que no hay ferias, en los meses en que la tierra
ha recibido el beneficio de las lluvias;
así se evitará empellones, discusiones por los asientos; no le
molestarán las conversaciones en alta voz ni las carcajadas estridentes, ni ese
maremágnum que impide la visibilidad y asfixia, y tendrá la oportunidad de
admirar el paisaje en toda su grandeza.
Conforme el autobús devora la distancia, el más variado paisaje se ofrece a la vista. Ahora es el bosque, en donde los árboles se agrupan profusamente, y sus ramas se entrelazan para formar un inmenso toldo verde, cuya resistencia perforan, tenaces, los rayos del sol, para ir a besar las ateridas aguas de arroyos y riachuelos que cobija la espesura, estallando ese beso en mágicas irisaciones. El musgo alfombra el suelo y sube por troncos y por rocas, tapizándolos de suave terciopelo. De las entrañas del bosque se escapa un halito de humedad y un marcado olor a resina, y en el fondo las aves desgranan sus trinos en magnifico concierto.
Después son extensos prados los que se admiran, cubiertos de mullido césped salpicado de flores multicolores: las blancas aceitillas y los no menos blancos chicalotes, las doradas cincollagas y los girasoles rosas, los mirtos rojos y los morados chipiles; todas ellas dispuestas en caprichosos manchones como si un distraído pintor, en un imperdonable descuido, hubiera mezclado sin concierto los colores de su paleta, y que a la postre, y sin proponérselo, le resultara artístico.
La continuación de este texto el día de mañana...
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